Desde hace años, en Maya Tejedores de la Tierra nos hacemos una pregunta muy concreta: ¿cómo evidenciar, con datos, los beneficios de la agricultura urbana para la ciudad?
Esa inquietud llevó a Omaira Cifuentes, directora de la fundación, a explorar un enfoque poco común en el debate urbano: el secuestro de carbono. La idea es sencilla de enunciar —y compleja de medir—: si las huertas capturan carbono en plantas y suelos, ¿podríamos cuantificar ese aporte como un servicio ecosistémico urbano?
Desde el año pasado venimos trabajando en este tema con equipos académicos (entre ellos, la Universidad Católica, la Universidad Santo Tomás y la Universidad del Quindío). Aún no tenemos resultados de la investigación, pero este artículo busca explicar qué es el secuestro de carbono, cómo funcionan los bonos de carbono y por qué el tema está en plena discusión en Colombia.
¿Qué significa “secuestro de carbono”?
El secuestro de carbono es el proceso de capturar y almacenar dióxido de carbono (CO₂) para reducir su concentración en la atmósfera, lo que ayuda a mitigar el cambio climático. Puede ocurrir de distintas formas: desde tecnologías diseñadas por humanos (por ejemplo, captura y almacenamiento en formaciones geológicas), hasta mecanismos naturales donde los océanos, las plantas y los suelos cumplen un papel clave.
En el caso de las plantas, el CO₂ se incorpora mediante la fotosíntesis. Parte de ese carbono queda en tallos, hojas y raíces; otra parte puede terminar almacenada en el suelo. Por eso, a escala global, conservar ecosistemas y recuperar coberturas vegetales se ha convertido en una estrategia central de mitigación del cambio climático.
Bonos de carbono: ¿qué se compra realmente?
El mercado de bonos de carbono funciona como un sistema en el que se compran y venden créditos que representan una reducción o remoción de emisiones (comúnmente expresada en toneladas de CO₂ equivalente). En términos simples: alguien reduce o remueve emisiones (con una metodología verificable) y alguien más compra ese crédito para compensar parte de su huella.
En el mundo suelen distinguirse dos grandes tipos de mercado:
- Regulado, cuando un sistema de política pública define obligaciones y reglas para empresas.
- Voluntario, cuando empresas u organizaciones compran créditos sin una obligación directa, generalmente por metas internas o compromisos climáticos.
En ambos casos, el punto crítico es la integridad: que la reducción/remoción sea real, adicional, trazable y verificable.
El “boom” del carbono en Colombia y sus alertas
En Colombia, el mercado de carbono ha crecido rápidamente, pero también ha recibido críticas. Investigaciones de Dejusticia han advertido problemas como falta de transparencia, debilidades de gobernanza y riesgos de afectaciones a comunidades y derechos humanos en ciertos proyectos. Puede ver el articulo completo aqui
Ese debate es clave: hablar de carbono no es solo hablar de clima; también es hablar de reglas claras, participación, beneficios y riesgos.
Lo que aprendimos en el Colombia Carbon Forum
El 16 y 17 de abril asistimos al Colombia Carbon Forum 2026, organizado por la Cámara de Comercio de Bogotá, que reunió actores del sector para discutir retos y oportunidades del mercado.
Entre los temas más repetidos aparecieron palabras que deberían volverse comunes para cualquier persona interesada en carbono: integridad, estándares, trazabilidad, gobernanza y la necesidad de diversificar el tipo de proyectos, más allá de los que se enfocan únicamente en bosques.
Y ahí aparece nuestro “¿y si…?”
Esa conversación abre una posibilidad que nos emociona: ¿y si las huertas urbanas pudieran ser reconocidas por los servicios ecosistémicos que brindan? ¿Y si, en el futuro, la medición de carbono (y otros indicadores) sirviera no solo para “probar” el valor de la agricultura urbana, sino también para ayudar a financiarla?
Por ahora, es un sueño y una pregunta de investigación. Pero es un sueño con dirección: medir mejor para decidir mejor, y para que la ciudad entienda —con evidencia— lo que muchas comunidades ya saben por experiencia: que sembrar en la ciudad también es una forma de cuidar el territorio.