En el boletín del mes pasado presentamos el concepto de secuestro de carbono, entendido como el proceso de capturar y almacenar dióxido de carbono (CO₂) para reducir su concentración en la atmósfera y contribuir a mitigar el cambio climático.
Desde el año pasado, en Maya Tejedores de la Tierra venimos trabajando con la Universidad Católica de Colombia, la Universidad Santo Tomás y la Universidad del Quindío para medir el secuestro de carbono en huertas urbanas. En una primera fase realizamos un muestreo de 13 huertas. Luego, gracias a convocatorias internas de la Universidad Católica, ampliamos el trabajo con 37 huertas adicionales, para un total de 50 huertas.
Durante las últimas dos semanas hemos estado tomando muestras. De acuerdo con los profesores con los que trabajamos, era preferible mantener un muestreo con cierta homogeneidad; por eso decidimos concentrarnos en Chapinero. Antes de que termine el mes esperamos completar la toma de muestras y enviarlas al laboratorio de la Universidad Nacional para su análisis.
Como el proyecto incluye a la Universidad del Quindío, también viajaremos a este departamento para tomar muestras de suelo en 30 huertas.
¿Para qué hacer esta investigación?
En Maya Tejedores de la Tierra vemos dos objetivos principales:
a. Generar evidencia científica del aporte de la agricultura urbana a la ciudad. Si logramos demostrar que las huertas capturan una cantidad relevante de carbono en su biomasa y, especialmente, en sus suelos, podremos argumentar con mayor fuerza que son parte de las estrategias urbanas de mitigación climática. Esto ayudaría a protegerlas y a impulsar la creación de nuevas huertas.
b. Explorar la viabilidad de pensar, a futuro, en mecanismos como los bonos de carbono para huertas urbanas. Como contamos en el boletín anterior, estos mercados funcionan a partir de créditos que representan reducciones o remociones de emisiones, normalmente expresadas en toneladas de CO₂ equivalente (tCO₂e).
Una cuenta rápida (y una advertencia importante)
Una de las preguntas inevitables es si las huertas urbanas podrían generar ingresos significativos por bonos de carbono. Aquí aparece un reto: la escala… y también la precisión técnica.
Primero, una aclaración clave sobre unidades: en documentos técnicos puede aparecer “toneladas de carbono (C)” y, por otro lado, “toneladas de CO₂ equivalente (CO₂e)”. La ANLA recuerda que 1 tonelada de C equivale a 3,667 toneladas de CO₂e, una conversión necesaria si en algún momento se quisiera reportar resultados en la unidad típica de los mercados de carbono (tCO₂e).
Segundo, para tener un orden de magnitud (sin afirmar que aplique a huertas urbanas), en el sector agropecuario se citan rangos de captura de carbono por hectárea en sistemas silvopastoriles. AgroNet reporta un rango de 3 a 20 toneladas por hectárea para este tipo de sistemas, con árboles y pasturas.
En cuanto a precios, también varían ampliamente según el tipo y la calidad del crédito. Sylvera señala que, en 2026, los créditos “basados en la naturaleza” promedian entre $7 a $24 USD por tonelada de CO₂e en el mercado voluntario.
Aun así, incluso usando estos rangos solo como referencia, el mensaje general es claro: la agricultura urbana suele tener áreas pequeñas y fragmentadas. El Jardín Botánico de Bogotá ha reportado “más de 17 mil huertas fortalecidas” desde 2020. Si —en un escenario muy conservador— cada huerta tuviera al menos 1 m², estaríamos hablando de 17.000 m², es decir, 1,7 hectáreas bajo agricultura urbana. En ese caso, incluso con precios relativamente altos por tCO₂e, el ingreso total potencial seguiría siendo bajo si se reparte entre miles de huertas.
Este resultado no significa que la idea deba descartarse. Más bien muestra que, si el carbono entra a la conversación de la agricultura urbana, probablemente tenga que hacerlo como parte de un enfoque más amplio: biodiversidad, adaptación climática, salud y bienestar, educación ambiental y tejido social, entre otros beneficios que sabemos que las huertas ya aportan a la ciudad.
En el Foro de Carbono surgió incluso la idea de pensar en enfoques “plus”, donde el valor no dependa solo de toneladas, sino de un paquete de impactos medibles. Por eso creemos que este estudio no es “solo carbono”: es un primer paso para demostrar con evidencia lo que la agricultura urbana ya significa para Bogotá.
Fuentes
ANLA (2021-07). VRPCA – Potencial de carbono almacenado en áreas licenciadas por ANLA.
AgroNet (2021-02-17). Captura de carbono por hectárea con sistemas silvopastoriles.
Sylvera (2026-01-30). Carbon offset price (presupuestos 2026).