A las mamás se nos festeja en este mes por el amor que profesamos a nuestros seres queridos y en especial a nuestros hijos e hijas. Esta celebración que tiene su origen, además, en la imagen de la Virgen María madre de Jesús. El cuidado, el apoyo, el compromiso para sacar adelante a nuestras familias con todo y los sacrificios que hacen las mujeres por este fin, son características de lo que llamamos Amor y particularmente el de la madre.
Y es que todas las personas, todos los seres vivos, requerimos AMOR es decir cuidado, apoyo y compromiso no solo de sus mamás sino también de la sociedad para poder, por un lado, crecer y llegar a ser adultos, y, por otro lado, para poder vivir en dignidad. Esa necesidad de cuidado y vida digna conforman la médula de lo que se denominan los derechos fundamentales.
Tanto en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) como en nuestra Constitución (1991), los primeros surgidos como respuesta ante el horror de la Segunda Guerra Mundial y ya con antecedentes en la Revolución Francesa (1789) se invoca un derecho que es el Derecho a la Vida. En 1786 se declaró como "Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos.", derecho cuyo alcance y contexto ha venido enriqueciéndose porque actualmente no se habla de “los hombres” sino de todos los seres humanos. Este primer derecho ya nos pone en el tema del artículo: ¿Qué mayor expresión de amor hay que respetar la vida del otro, de la otra, de todos los seres vivos? Encierra el cuidado, la solidaridad y el apoyo que todos requieren. En nuestra constitución se declara así: Derecho a la Vida y a la Integridad, que sobrepasa la limitación de los derechos para unos pocos y los universaliza.
Del reconocimiento de que todos los seres vivos necesitan del cuidado, surgen los derechos colectivos como el consagrado en nuestra constitución: “Ambiente Sano: Todas las personas tienen derecho a gozar de un ambiente sano. Es deber del Estado proteger la diversidad e integridad del ambiente” Este derecho encarna el amor a la naturaleza y también es un antecedente hermoso al legado literario del Papa Francisco en su encíclica papal Laudato Si' (Alabado seas – 2015) cuyo tema central es un llamado urgente al cuidado de la casa común. El Papa denuncia la crisis ecológica y la relaciona directamente con la injusticia social y la "cultura del descarte". Introduce el concepto de ecología integral, que vincula la protección del medio ambiente con la dignidad de los pobres.
Analizar esta relación del Amor con los derechos como su expresión práctica, nos puede llevar muchas páginas. Y no se trata de abrumar al lector o lectora. Pero este par de ejemplos nos permite reflexionar sobre la importancia de entender los derechos como norte de acción y su defensa como la defensa del Amor y la vida en nuestro planeta.